La resistencia es el componente que se opone al paso de la corriente, y de esa forma la regula. Funciona como un peaje en la vía: no cierra el paso, pero obliga a los carros a bajar la velocidad y deja pasar solo la cantidad que uno quiere. Ese frenado no sale gratis: la resistencia se queda con parte de la energía y la suelta en forma de calor.
Se identifica con la letra R y su unidad es el ohmio (Ω). Físicamente es un pequeño bloque negro con los extremos plateados.
La aguja de la gasolina no mide gasolina: adentro del tanque hay un flotador que al subir o bajar cambia una resistencia, y de ahí sale la rayita que ves. La resistencia sensora del celular trabaja igual: cambia de valor, y con eso el integrado de carga sabe cómo va la batería. Por eso una resistencia no siempre está de freno; a veces está de informante.
Reparte voltajes (divisores), limita corriente, y como resistencia sensora avisa al IC de carga qué porcentaje de batería hay. Existen fijas, variables, pull-up y pull-down; los termistores y varistores son también resistencias especiales.
En modo ohmios (Ω): una resistencia sana marca su valor; si marca resistencia infinita («OL» o «1»), está abierta (dañada).
Si la resistencia dañada es menor a 20 Ω, por lo general puedes puentearla, con una excepción que no se negocia: la resistencia sensora (la de 0,01 a 0,1 Ω que vigila la corriente). Esa nunca se puentea: el integrado de carga lee la caída en ella, y sin ella pierde la cuenta; se cambia por una de igual valor.
Si es mayor a 20 Ω, hay que reemplazarla por una de igual valor: un puente cambiaría el funcionamiento del circuito.
Imagínate un pulso de fuerza con un lazo: de un lado está una resistencia fija, del otro el termistor, y en la mitad el nudo. Cuando el equipo se calienta, el termistor cambia y el nudo se corre de sitio. El celular no mide grados: mide dónde quedó el nudo, o sea el voltaje del punto de en medio, y con eso sabe si está frío o caliente.
Son dos «resistencias especiales»: no tienen un valor fijo, lo cambian solas según lo que pase a su alrededor. El termistor cambia con la TEMPERATURA y trabaja de termómetro: va abajo en un divisor, en serie con una resistencia fija, y el sistema lee el voltaje del punto del medio. El varistor cambia con el VOLTAJE y trabaja de escudo: va en paralelo con la línea y, cuando llega un pico, baja su resistencia y se traga esa energía de más, como el pararrayos de un edificio. Los dos son diminutos y de lejos parecen una resistencia común.
Cuando un termistor se daña, le «miente» al procesador diciéndole que hay exceso de temperatura, y el equipo se bloquea al encender o al cargar (la famosa «carga falsa»), aunque el celular esté frío.
Es el mismo aparato donde conectas el televisor para que no se queme cuando vuelve la luz de golpe: llega un totazo de energía y él se lo traga antes de que le llegue al equipo. Eso es un pico: un empujón de voltaje que dura un instante y puede venir del cargador, del enchufe o de la chispa de tu propia mano. El varistor es ese protector, pero del tamaño de un granito de arroz y metido adentro del celular.
El varistor cambia su resistencia según el voltaje. Su trabajo es proteger el circuito de picos de tensión y descargas electrostáticas: cuando llega un pico, baja su resistencia y absorbe esa energía de más (por ejemplo, protegiendo el circuito de audio o del micrófono). Se identifica con la letra V o VDR.
En ohmios en la escala más alta, o en continuidad a tierra: solo debe dar continuidad por una de sus terminales. Si da por las dos, está en corto.
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