Los ohmios dicen qué tan angosta es la entrada por donde le toca pasar a la corriente: por una puerta ancha entra mucha gente de una, por una rendija apenas de a poquitos. Un parlante sano es puerta ancha, de pocos ohmios. Cuando en cambio te muestra OL, o sea resistencia infinita, es como si ahí no hubiera puerta sino pared: la bobina de adentro se cortó y esa pieza se cambia.
Hay dos: el auricular (el de las llamadas, arriba) y el principal o altavoz (multimedia y timbre, abajo). Fallas típicas: suena bajo, distorsiona o no suena. Un altavoz sano mide unos pocos ohmios (según el modelo y la familia, del orden de 4 a 32 Ω); si marca resistencia infinita, está cortado y hay que cambiarlo.
El vibrador es un motor tipo moneda con un peso descentrado. Es el otro periférico que se mide en ohmios: sano marca entre 8 y 60 Ω.
Hay una mugre que no se alcanza desde afuera, y es justo la que de verdad te tapa el sonido. En muchos equipos el «suena bajito» y el «suena con interferencia» no se arreglan limpiando la rejilla por encima: se arreglan destapando el teléfono y levantando la pieza. El auricular y el altavoz son de los periféricos más fáciles de sacar, y una vez afuera queda a la vista todo lo que se acumuló por dentro.
Sacas todo lo que se pueda, vuelves a colocar el periférico y pruebas ahí mismo si recuperó volumen o si la voz ya se escucha nítida. Es un rato de trabajo que te evita venderle al cliente un parlante que no hacía falta.
Si metes mucho la punta o la pinza, arañas o perforas la membrana del parlante y el audio queda PEOR que como estaba. El cliente entró con un equipo que sonaba bajito y sale con uno que no suena. Trabaja siempre mirando por el microscopio y sin forzar la entrada.
Nunca metas agujas ni pinzas por la rejilla. Detrás de esa rejilla hay una membrana delgadísima. Si la perforas con una aguja, un alfiler o la punta de una pinza, el sonido no mejora: empeora para siempre y ya no hay vuelta atrás. La mugre se saca con una brocha suave, con cinta adhesiva dando toquecitos, o con aire a baja presión desde afuera.
Nunca eches alcohol directamente sobre el parlante o el auricular. El alcohol traspasa la membrana y le cambia las propiedades: el sonido queda apagado o distorsionado. Si tienes que limpiar por esa zona, moja el hisopo aparte y trabaja al lado de la pieza, nunca encima.
Y una tercera que va en el mismo grupo: cuando cambies el pin de carga, cuida por dónde corre el flux caliente. Puede llegar hasta el micrófono y dañarlo. El equipo sale cargando perfecto, pero al otro día el cliente vuelve diciendo que lo escuchan feo en las llamadas. Y el técnico jura que eso no lo tocó.
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