Tu profesion es tan valiosa como la de un medico, un cirujano o un ingeniero: la gente te entrega el aparato en el que tiene su trabajo, sus fotos y su vida. Valoralo, y cobra en consecuencia.
El tendero que vende la gaseosa mas barata de lo que le costo se llena de clientes en una semana. El problema le llega el dia de resurtir la nevera: la plata no alcanza y termina cerrando con la tienda llena de gente.
Antes de poner tu precio, suma lo que de verdad te cuesta trabajar -arriendo, luz, agua, internet, herramienta y tu tiempo- y cobra por encima de esa suma.
Para llegar a reparar bien invertiste tiempo estudiando, compraste herramientas especializadas y pagas arriendo, luz, agua, internet y, si los tienes, empleados. Todo eso vive dentro del precio que cobras.
Cobrar barato es como poner una resistencia de menos valor del que pide el circuito: pasa mas corriente de la que aguanta y termina quemandose. Tu eres esa resistencia.
El que compra una moto para trabajar no arranca con la mas grande: arranca con la que le alcanza, y la cambia cuando los domicilios ya le dieron para eso.
No necesitas un taller completo para arrancar: empieza con poco y crece de a poco. Y cuando llegue el turno del equipo de soldadura -que va de ultimo-, un cautin de punta T12 es excelente para comenzar; incluso puedes armarlo tu mismo por unos $35.000.
Antes de fijar un precio, cronometra cuanto te toma de verdad cada reparacion. Prometer de menos y cumplir vale mas que prometer rapido y quedar mal.
Suma en una hoja lo que te cuesta trabajar un mes: arriendo, luz, agua, internet y herramienta. Por debajo de ese numero no puedes cobrar.
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