El controlador no se queda esperando sentado. Primero trabaja él: por la línea de transmisión, TX, inyecta una señal a toda la matriz para que exista un campo eléctrico de partida. Sin ese punto de partida no habría contra qué comparar, y detectar un cambio sería imposible.
Cuando tu dedo toca, la capacitancia de ese punto cambia, y esa variación se recoge por la línea de recepción, RX. Las dos capas conductoras están cableadas una como filas y la otra como columnas, así que al tocar se altera la capacitancia de toda una fila y de toda una columna. El controlador va testeando fila por fila y columna por columna, y el cruce de la fila marcada con la columna marcada es la coordenada. Es literalmente un Excel: la columna B con la fila 3 dan B3.
Consecuencia de taller: el táctil necesita las dos líneas, no una. Sin TX no hay campo de partida y sin RX no hay lectura. Con cualquiera de las dos caída, el táctil queda muerto aunque todo lo demás mida bien.
Adentro, la información sigue una línea de producción: entra por RX; la primera estación es el escaneo, que identifica en qué punto cambió la capacitancia; la segunda es un filtro, que le quita la basura a la señal; la tercera es el conversor de analógico a digital; la cuarta es la que interpreta varios dedos a la vez —ampliar una foto con dos dedos es alterar muchos puntos al mismo tiempo, y alguien tiene que leer eso como un gesto—; y de últimas sale por la interfaz de comunicación hacia el procesador. En la mayoría de los Android esa interfaz es I²C, de dos hilos; en los iPhone es SPI, que lleva más líneas.
Aparte de esa interfaz, el sistema necesita su línea de reinicio (reset), su línea de control o habilitación, y la línea IRQ.
El IRQ tiene DOS trabajos, no uno. Es la señal de interrupción que hace que el procesador suelte lo que esté haciendo y atienda tu dedo; y es además el canal por el que el táctil AVISA cuando algo le está fallando. Por eso el IRQ es de medición obligatoria: es el que reporta los problemas, y si esa línea está muda no te vas a enterar de nada.
Y falta decir CUÁNDO sale ese aviso, porque casi todo el mundo se lo imagina al revés. No se dispara en el momento en que pones el dedo: el dato tiene que recorrer entero el camino de adentro —el escaneo, el filtro, el conversor y la lectura de varios dedos— y solo cuando la información ya quedó armada sale el IRQ. Todo eso ocurre en milésimas de segundo, pero el orden es ese: primero se procesa y después se avisa. Lo que esa línea dice no es «alguien tocó»: dice «ya tengo el dato listo, recíbelo».
De ahí sale cómo se lee un IRQ callado: que no se mueva no significa por fuerza que tu dedo no se esté detectando. Puede ser que sí se detecte y que el controlador nunca alcance a terminar su trabajo. Antes de condenar la línea, pregúntate si el que tenía que hablar por ella estaba en condiciones de hacerlo.
Leyendo el conector de la pantalla uno se encuentra con que del mismo punto de 1,8 V salen dos caminos, y no hacen lo mismo:
La trampa es fácil de morder: uno ve 1,8 V llegando a una línea de datos, la da por alimentada, y después saca conclusiones equivocadas de todo lo que mida. Lo que delata la diferencia es el resistor en el camino: si hay resistor de por medio, eso es un pull-up, no una alimentación. Es el mismo pull-up que ya viste en la línea CC del tipo C, y el mismo que te vas a volver a encontrar en el pulsador de encendido: cambia el sitio, no cambia la idea.
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